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Llueve y yo…

LLueve
Y la lluvia siempre me trae cierta nostalgia
Los días de lluvia sólo quiero acurrucarme, calentita,   hecha un ovillo y no pensar.
Hoy me duele la cabeza.
Quizás porque he dormido mal,  últimamente sueño que pierdo aviones, que no llego.
O quizás porque  me he puesto a recordar.
¿Puede doler un recuerdo? ¿Puede el ayer causar hoy esos efectos?

Siempre he pensado que mi cuerpo era más sabio que yo.
No piensa, solo siente.
A veces querría ser sólo cuerpo y no pensar, sólo sentir.
Dejar de preguntar por qués y cómos, dejar de plantear posibilidades y sencilamente dejar ser y dejar pasar…

Lo estoy intentando. Lo juro.
Vivir en el presente y no sentir el pasado.
Y no condicionar mi hoy por el futuro.
Pero no veas si cuesta…
¡Odiosa memoria!
¿Por qué no borra lo que ya no es?
Deja las secuelas,pero vete… vete para  siempre o para nunca.

A veces no sé si desear no haberte conocido. Y a veces, sólo a veces,  me sorprendo recordando instantes de magia y melodía.
A veces  consigues revolverme , alterar mi vida ya de por sí movida.

Abriste una puerta,  y lo sabes.   Dejaste una huella.
Otras pisadas, pisan sobre un rastro viejo. Y yo sin saberlo, solo deseo que no haya huellas, ni rastros, ni pisadas … Que al final son cicatrices en mi alma.
Que tus silencios sean eternos, que sea verdad que me olvidaste. Y olvidarte yo, de una vez y para siempre.
Extirparte debo, de mi vida, de  mi cuerpo, de mi recuerdo.
Y a veces quiero… y otras… así soy yo de inconsciente,
… otras, no quiero.

 

Me mirabas a los ojos

Me mirabas a los ojos, y decías que me veías. Que veías eso que nadie vio, lo que no enseño, lo que no muestro, incluso lo que escondo.

Cuando me mirabas a los ojos sentía que de verdad me conocías. Que no había que hablar, ni callar, ni explicar, ni ocultar.  Que todo estaba bien, que estaba en paz.

Me mirabas a los ojos y veía más que amor. O eso creía. Devoción decías,  y yo cerraba mis ojos porque no soportaba estar tan expuesta.
Como si ellos hablaran de mí sin estar presente yo.  Me sentí desnuda, por completo, como hacía tiempo. Quizás como nunca… o  como siempre.

Porque lo que soy  ahí estuvo siempre.
Quizás nadie miró antes que tú, quizás no les dejé .
Tus ojos preguntaban y pedían. Los míos solo respondían.

Y mis ojos que reían, que cantaban, que se abrían dilatados cuando todo era placer, esos ojos   que eran tuyos, porque todo te contaron, acabaron por llorar.
Y lloraron como nunca. Lloraron lo pasado, lo presente, el futuro ya inexistente. Lloraron lo que hubo y ya no vuelve, lloraron mi orgullo, mi vergüenza y mis deseos. Lloraron como a muerte.
Qué agonía, llorar como de muerte estando viva. Sentir que se nos van las ganas  y la vida.
Lloré porque me dejaste, lloré porque me engañaras, lloré porque me dijeras que me quieres sin besar mi boca. Lloré por quererte y por querer quererte. Lloré porque no te odiaba, lloré porque te justificaba. Lloré por buscarte como loca sabiendo que, aunque lo negaras, la gran distancia entre nosotros para ti era poca.
Lloré por aceptar que me olvidaste, aún lloro si lo pienso algún instante.

Ya no lloro por amor, lloro de pena. Lloro de sentir que pierdo algo que tanto de mi se lleva. Tanto que te di y que se pierda.
o quizás no…
Quizás lo que queremos, de algún modo, el amor que se nos sale por los poros, un día vuelva.
En forma de otro amor, o de ninguno, en forma de querernos como somos. En forma de saber que todo dimos, sin excusas, sin reserva.
Que los ojos que brillaban al mirarte, eran verdad, aunque te duela.
Y que sepas que por siempre en mi cabeza, en mi piel, en mi retina, en mi certeza está el saber que tú no sabes, cómo te quise a ti, a manos llenas. Que no había mar, ni océano que me impidiera llegar hasta tus ojos y mirarte. Decirte que «te amo»… aunque no lo merecieras.

¿Te alegras por mí?

Estoy medio desaparecida de mi rincón, entre trabajo y otras cosas…
Sé que este espacio sólo lo leemos tú, yo y un par más que lleguen medio perdidos a esta cueva, así que, por si no te has enterado, te cuento que he ganado un concurso.
La niña que competía siempre para ganar y vive aún dentro de mí está muy contenta. Y la adulta que intenta controlar ese ego se alegra por lo que significa no para mí sino para mi trabajo y para algo que es importante en mi vida.
Ya iba tocando la palmadita en la espalda… sobre todo tras  meses de aguantar puñaladas.
Así que si te apetece saber lee aquí y aquí.
¿Ya?
¿No está mal no?
Si te alegras por mí gracias… de verdad.
Estos días tengo muchas ganas de escribir y apenas un rato libre… pero prometo volver. Esta escritora echa de menos contar cosas y cantar  …

¡Ojalá me hayas echado de menos!
¡Yo echo de menos mis ratos en este espacio!

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