De distancias y olvidos

Es curioso pero…

Dicen que “la distancia es el olvido”, y yo creo que más bien el olvido es la distancia.
Las distancias físicas, esas que se miden en kilómetros, son salvables. Siempre son salvables. Pero las distancias que crea el olvido… esas, son brutalmente desterradoras.

He querido a gente que he tenido lejos casi desde que tengo memoria.
Anhelaba los momentos de reencuentro: el verano, las cartas de papel, llamadas de teléfono rezando para que hubiera alguien en casa..
He amado a pesar de las distancias, y alguna vez, también me amaron así.

Suplíamos el tacto, con el contacto…
-“Buenos días amor”
-“Te echo de menos”
-“Pienso en ti”
Y breves, o no tan breves, resúmenes de las pequeñas cosas diarias…
Mensajes  transeúntes de ese puente invisible que unía dos almas lejanas… de forma instantánea casi siempre.
Sentía el amor a pesar de la distancia. Lo vivía, era real.

Y he sentido el olvido de gente cercana.
Soledad rodeada de personas a las que oía respirar. Presencia sin esencia.
He hablado a quien me miraba a los ojos sintiendo que esas palabras no llegaban nunca a su destino… como si se perdieran en el espacio.
Esa sí es la distancia que separa. La que mata el amor, la que te hace resignarte a vivir rodeada de un foso imaginario que te aísla por muy acompañada que creas estar.

Me olvidaron.
Y no fue por la distancia, porque con esa misma distancia me amaron.
Me olvidaron porque decidieron dejar de hacerlo o porque no lo pudieron evitar.
Y yo olvidé
Y yo aún recuerdo.
Da igual a qué distancia están las personas de mi vida, quiero a gente que nunca he visto, me ilusiona oír una voz a la que no le pongo cuerpo, que atraviesa un gran espacio físico y que sin embargo siento cercana…

Así que no… la distancia no es el olvido… a no ser que tú quieras.
Yo estoy aquí… realmente da igual si lejos o cerca… cuando me hablas te escucho, a veces hasta te siento… a pesar de todo.