escribo como soy

Escribo como soy y soy como escribo

Escribo como soy
y soy como escribo

No recuerdo cuándo empecé a escribir. No tengo recuerdos de verme escribiendo muy pequeña. Sí de leer.  Leí muy pronto, demasiado pronto creo…como casi todo en mi vida.
No sé por qué me parece que tuve prisa siempre. Al parecer “aparecí en el mundo” sin ser buscada,  nací un poco antes de tiempo, leí muy pronto, necesité comer antes que otros niños por eso tomé teta solo 3 meses, muy pronto estuve viviendo en casa de mi abuela en vez de seguir con mis padres… aun no sé por qué ni ya lo sabré nunca,  muy pronto fui la mayor ( mi prima nació cuando yo tenía 5 meses pero automáticamente me convertí en ejemplar para todos los que vinieron detrás) muy pronto, muy pronto, my pronto…

Muy pronto fui responsable, muy pronto iba al colegio sola, muy pronto me encargaba de las tareas de una ama de casa, muy pronto supe de problemas de parejas y de infidelidades y de violencias visibles e invisibles, y de relaciones tóxicas y de amigas de mi madre que iban a misa el domingo y abortaban en Londres, y de  ser carne de cañón en una guerra a la que nadie te ha invitado. Y de que el mundo está lleno de “hombres malos” y niños desprotegidos.

Muy pronto aprendi a desenvolverme sola, en el colegio, con los profesores, con los otros niños,  con los mayores y con los pequeños.

Y creía yo, porque es lo que oía todo el rato, que es que era muy lista y muy espabilada. Pero eso es otra historia, la de niños obligados a cuidarse a si mismos.

Y un día, imagino que por estar sola y sentirme sola me di cuenta que podía escribir. Y que ahí era libre y podía expresar lo que quisiera.

Y también aprendi que lo que escribes se mantiene y a no ser que lo destruyas otros pueden llegar a leerlo.
Mi primer diario violado abrió una brecha nunca más cerrada.
Pero a la vez supe que era capaz de escribir y expresar así lo que quizás nunca podría decir a la cara, no por falta de valor, a veces sí claro, sino por falta de oportunidad.

Hay gente a la que quieres hablarle y no puedes, o no quieren escuchar, o escuchar les resulta insoportable y no te dejan hablar… y yo entonces escribo.

Aunque he de decir que escribo primero para mi.

Hay un verbo francés que me encanta: “réaliser”. No es exactamente el “realizar” que frecuentemente usamos en castellano. Es realizar no en el sentido de hacer, sino en el sentido de convertir en real.
Cuando verbalizamos algo, cuando le ponemos palabras, lo realizamos en el sentido de convertirlo en real. En algo que podemos sacar de nuestra mente o corazón o alma y ponerlo frente a nosotros y/o frente al mundo. Y cobra vida en cierto sentido.
Otras veces, ya lo he dicho en alguna ocasión: es como un exorcismo, una liberación.
Y un desnudarse por supuesto, y una responsabilidad. En cualquier caso una necesidad.

Por eso escribo, porque soy así,
escribo como soy y soy como escribo.

Y si pudiera, esto lo escribiría con pluma… siempre con pluma.