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Duele

Duelen las entrañas, duele tu recuerdo
Duele comprobar que no me quieres
Duele constatar que fui un juego
Duele que aposté, creyendo que había reglas
Duele que jugaras de farol, con comodín
Duele ver que el miedo era tan grande
Duele que no  fuiste el  “caballero” pero sólo para mí
Duele que invitaras a más gente a nuestra fiesta
Duele  que fingieras tus ganas de escapar
Duele que lo hicieras tan mal
Duele que en el fondo lo sabía
Duele el intentar que me quisieras todavía
Duele cómo a veces, estando no estabas
Duele que no estabas y  te esperaba
Duele que te quejes de que sufres
Duele tu egoísmo infinito y pueril
Duele que abusaras del cariño que te tengo
Duele devolverte tus regalos
Duele verlos en mi casa, en mi vida y en mi piel
Duele recordar el roce de tus manos
Duele arrancármelo a jirones
Duele cerrar los ojos, poder sentirlo y anhelarlo
Duele mi camino por la puerta de tu casa
Duele que me pregunten por ti, como si no pasara nada
Duele desear que todo pase y sea un sueño
Duele despertarse y ver que el sol no despejó tus miedos
Duele la vergüenza que causan tus palabras
Duelen las canciones que entre nosotros volaban
Duelen los poemas de amor, ahora de desgarro
Duele tu torpeza
Duele tu frialdad
Duele ahora hasta tu llanto
Duele la promesa que te hice hace ya tiempo
Duele porque sabes que a pesar de ti y de mí misma…
Yo estaría, si no está ella,  en esa meta

 

De distancias y olvidos

Es curioso pero…

Dicen que “la distancia es el olvido”, y yo creo que más bien el olvido es la distancia.
Las distancias físicas, esas que se miden en kilómetros, son salvables. Siempre son salvables. Pero las distancias que crea el olvido… esas, son brutalmente desterradoras.

He querido a gente que he tenido lejos casi desde que tengo memoria.
Anhelaba los momentos de reencuentro: el verano, las cartas de papel, llamadas de teléfono rezando para que hubiera alguien en casa..
He amado a pesar de las distancias, y alguna vez, también me amaron así.

Suplíamos el tacto, con el contacto…
-“Buenos días amor”
-“Te echo de menos”
-“Pienso en ti”
Y breves, o no tan breves, resúmenes de las pequeñas cosas diarias…
Mensajes  transeúntes de ese puente invisible que unía dos almas lejanas… de forma instantánea casi siempre.
Sentía el amor a pesar de la distancia. Lo vivía, era real.

Y he sentido el olvido de gente cercana.
Soledad rodeada de personas a las que oía respirar. Presencia sin esencia.
He hablado a quien me miraba a los ojos sintiendo que esas palabras no llegaban nunca a su destino… como si se perdieran en el espacio.
Esa sí es la distancia que separa. La que mata el amor, la que te hace resignarte a vivir rodeada de un foso imaginario que te aísla por muy acompañada que creas estar.

Me olvidaron.
Y no fue por la distancia, porque con esa misma distancia me amaron.
Me olvidaron porque decidieron dejar de hacerlo o porque no lo pudieron evitar.
Y yo olvidé
Y yo aún recuerdo.
Da igual a qué distancia están las personas de mi vida, quiero a gente que nunca he visto, me ilusiona oír una voz a la que no le pongo cuerpo, que atraviesa un gran espacio físico y que sin embargo siento cercana…

Así que no… la distancia no es el olvido… a no ser que tú quieras.
Yo estoy aquí… realmente da igual si lejos o cerca… cuando me hablas te escucho, a veces hasta te siento… a pesar de todo.

Siempre

Para siempre
Eternamente
Siempre…

Llueva, nieve, hiele o truene
A pesar de lo que digas
A pesar de lo que diga
A pesar de  lo que hagas
A pesar de que me matas
Siempre

¿No me oyes?
¿No me crees?
Para siempre
Eternamente
SIempre

Aunque tenga que esperarte
Aunque tenga que morirme
Y pactar con el diablo
O aunque tenga que expiar
diez mil veces mis pecados
y vivir eternamente
Muchas vidas a tu lado

Para siempre
Eternamente
Siempre…

O quizás…
Solo hasta ayer
Puede que hoy “para siempre”
Me resulte agotador
Y mañana me pregunte
Qué pasó con mis promesas
Dónde está ese “eternamente”
o por qué cuando uno ama
Siempre cree que será
eternamente, para siempre

Para siempre
Eternamente
Siempre

Infinito espacio hacia delante
Inmenso como son mis emociones
Y  de pronto se contrae sobre sí mismo
y cuando lo quieres mirar, desaparece

Así son algunos “siempres”
Pronunciados con más ganas que certeza
Exclamados con creencia de promesa
aunque  duren lo que dura la palabra
exhalada de mi boca hacia tu boca

Olvídame tú-Miguel Bosé

Esta canción me gusta mucho, como la mayoría de Miguel Bosé.
Estaba oyéndola y pensando en por qué nos cuesta tanto olvidar a alguien que por un motivo u otro ya no está en nuestra vida.
Es “traicionero el corazón”, dicen, y es cierto. Eso y que tenemos facilidad para perseguir lo que no no hace realmente felices.

Nos enganchamos a la sensación que una persona nos produjo en su día, y en vez de pensar en que eso pasó y ya, queremos repetirlo. Como el drogadicto que busca vez tras vez  la sensación de placer y euforia y no acepta que le hablen de consecuencias.

El amor es una droga.
O más bien, el amor que la mayoría conocemos.
Porque creo que la mayoría llegamos a adultos con referentes erróneos de lo que es el amor. No hemos sido bien amados, no nos han enseñado a amar sino a obtener, a ganar, a competir,  a retener o a perder. Y con esos antecedentes imagino que el amor de verdad se nos antoja imposible de entender. Y si lo logramos,  se nos antoja imposible de sentir y/o de recibir.

“Te necesito”, “no puedo vivir sin ti”, “sin ti me muero”... así creemos que demostramos cuánto amamos o nos aman, cuando la verdad es que  el amor de verdad es altruista y cuando se vive desde la necesidad estamos centrándonos en el Yo, y no el Tú.
Si te necesito a mi lado, estoy pensando en lo que obtengo cuando estás conmigo, en gratificar ese deseo, Mi deseo,  que no es otra cosa que resarcir a nuestro ego que viene herido desde hace mucho. Casi siempre desde el mismo comienzo.

Si lo pienso creo que nunca he amado entonces de verdad, como la inmensa mayoría, solo sé amar desde ese lugar. O me he dejado amar o he enfermado de amor. Ambas caras de la misma moneda.
No sé si algún día lograré hacerlo de otro modo, si podré quererme a mi misma lo suficiente para estar completa yo y no pretender que sea el otro quien me dé lo que me falta.

Quizás tendríamos que enseñar a nuestro hijos que amar es dar con generosidad sin perderse. Y que lo primero es quererse uno mismo y no aceptar nunca faltas de respeto, ni en nombre del amor ni en ningún nombre.
Si a las primeras señales de que algo no es como creemos, o como merecemos, dijéramos tranquilamente: “gracias pero esto no nos va a hacer más felices, adiós” igual no iríamos acumulando obsesiones, y decepciones y fracasos y dolor.
Quizás si aprendiéramos a amar dejando el ego a un lado, no viviéndolo como una batalla o una conquista, como un triunfo o un trofeo, igual es que habríamos madurado y estaríamos más cerca de conseguir algo más parecido al amor que lo que conocemos.

“Olvídame tú que yo no puedo”
keep-calm-and-love-yourself-488Puede parecer triste y desesperado, pero cuando el otro nos olvida, cuando es capaz de sacarnos de su vida por completo, y nosotros lloramos y nos rebelamos y nos parece imposible de aguantar esa sensación de fracaso, vacío, decepción, tristeza y rabia a partes iguales… cuando eso pasa, en el fondo nos hace un favor.
SI no puedes olvidar tú, agradece que lo haya hecho él. Te lo pone fácil. Al menos no juega contigo a perpetuar la angustia.

Además olvidar a alguien es la mayor muestra de “no amor” que hay, y ese es el mayor impulso para olvidar tú. Quien no te ama, no te merece.
Al final el dicho “Ama a tu prójimo como a ti mismo” encierra un a lección valiosísima:

No puedes querer a alguien si no te quieres primero tú.

©NohemiHervada

Cambiar al otro

Hoy he llegado a esta canción que no conocía buceando por Youtube (que es uno de mis hobbys)
He oído la versión original de Bruno Mars y esta  cantada en femenino por Madilyn Bailey.

He estado pensando en cómo tras una ruptura o un abandono, en general en cualquier proceso de duelo) nos ponemos a pensar en los
” y si… ” o  en los  “debería (s) haber hecho tal o cual cosa”.
A toro pasado es fácil ver los errores… bueno, o no, porque a veces seguimos repitiéndolos una y otra vez, pero ese es otro tema.

Quiero decir que normalmente nos ponemos a pensar en por qué se ha llegado a ese punto, por qué algo que se empezó con ganas y deseo de pronto acaba.
Dando por supuesto (que también es mucho suponer) que ambas partes eran sinceras en expresar lo que sentían, a nadie se le acaba el amor de un día para otro. Así que sea quien sea quien decida poner fin, ambas partes han contribuído a llegar a ese punto. Sea por acción o por omisión de acción.
En la canción los reproches son no haber comprado flores o salido a a bailar. Serán cosas tontas, pero al final lo que muestra es que lo triste cuando estás con alguien es no saber qué son sus flores o sus bailes.
Si yo quiero flores y bailar y la persona que se supone me ama no se da cuenta , es que no me está escuchando o me mira pero no me ve. Que no me conoce.

A veces nos enamorarmos de la idea que tenemos de lo que la otra persona es, y cuando el tiempo y las circunstancias nos van mostrando la realidad, puede que no nos guste tanto como pensábamos y prefiramos quedarnos con ese ideal antes que con el verdadero yo del otro.

Entonces no es amor. O al menos no el amor que hace que se siga juntos.
El amor no es un buffet del cual  puedo coger lo que me apetezca de toda la oferta y desechar lo que no me gusta. Las personas no somos un conjunto de piececitas que poner y/o quitar.

Señores Potato
Cuando se tiene algún tipo de relación es normal hacer concesiones para agradar al otro o para favorecer la convivencia, ya que no hay dos personas iguales en todo. Es normal y hasta deseable intentar evitar las cosas que  desagradan. El problema es cuando lo que desagrada del otro es parte de su propio ser.

Si algo intrínsecamente mío le es insoportable a otra persona nunca podrá ser mi amigo íntimo, ni mi amante, ni mi pareja.

No es ni bueno ni malo, es así.
Porque la alternativa es entrar en el juego de “desdibujarnos” para ser como el otro espera o  se imagina o sueña o desea.  Da igual.
SOMOS COMO SOMOS.
Y no podemos ni debemos acoplarnos constantemente a las expectativas del otro.
A veces se nos sugerirán cambios que de verdad sean positivos para nosotros, ya no solo para la relación de pareja, y eso es parte del crecimiento personal. Aceptar sugerencias y opiniones externas. Pero el cambio,  mejor dicho, el deseo de ese cambio, ha de producirse desde dentro, no obligados desde fuera,

Nadie cambia de verdad si no quiere.
Nadie convierte a nadie en algo que no es.

He conocido gente que ha vivido cierta filosofía de vida por agradar, porque estaba de moda o incluso porque intelectualmente estaba convencida de que era lo mejor. Pero si en su interior eso no concuerda con la persona que es realmente, acabará estallando. Y muy probablemente de forma violenta, hasta con ira, hacia aquello que un día defendía y contra quienes siguen en ese camino.

Pero ese odio no es hacia los otros, sino hacia uno mismo por haberse perdido el respeto y estar donde no se quería estar. Lo que sucede es que reconocer ese enfado con uno mismo suele doler demasiado, y  es una emoción tan fuerte que por querer sacarla de nosotros sin enfrentarla la proyectamos hacia fuera con violencia. Así que lo más fácil  y lo más común es lanzarlo contra el o los otros.

Pero volviendo al tema de las relaciones de pareja. Es tan antiguo querer cambiar al otro que ya la mitología clásica nos cuenta la historia de Pigmalión:

 El rey de Chipre, buscó durante muchísimo tiempo a una mujer con la cual casarse. Pero con una condición: debía ser la mujer perfecta. Frustrado en su búsqueda, decidió no casarse y dedicar su tiempo a crear esculturas preciosas para compensar la ausencia. Una de estas, Galatea, era tan bella que Pigmalión se enamoró de la estatua.

Pintura representando a Pigmalión, de Bronzino (1530).
Pintura representando a Pigmalión, de Bronzino (1530)

 

Lo que ocurre es que las personas no somos cera sin forma dispuesta para ser exactamente lo que el moldeador quiere. Todos traemos ya nuestras propias formas y pliegues y recovecos, en el cuerpo y en el alma. Y ni con intervención divina podemos obviar nuestra propia carga emocional ni vivencias para convertirnos en la Galatea de los sueños de nadie.

En la versión para el cine de esta obra, My Fair Lady, que nos parece una historia muy romántica, si la analizamos no con demasiada profundidad, en el fondo lo que se nos cuenta es que la verdadera Eliza no era interesante para nadie, mucho menos  capaz de enamorar al sofisticado profesor Higgins.
My fair ladyEste la somete a un arduo proceso de transformación para ser, por fin, digna de su atención, admiración y amor.

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Y yo me pregunto.. ¿es esta de verdad Eliza?
No concibo, como Higgins,  el amor sin admiración, pero si para admirar a una persona hay que cambiarla por completo, negando incluso lo que es, o lo que ha vivido que la ha hecho ser lo que es hoy… eso no es amor. O esa no es la persona de la cual enamorarme. Es el mayor de los egoísmos.
Es usar a una persona como recipiente de mis expectativas.  Es despojarla de lo que es de verdad para que sea como yo quiero que sea. Y eso es cosificar mucho más que usar su imagen sexy en una valla publicitaria.

©NohemiHervada

 

PD: No nos cuentan cuánto tiempo “vivieron felices” Eliza y Mr. Higgins antes de que los reproches empezaran a aparecer en sus vidas.

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