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Aprendió a no esperar

-“Gracias por esperar”

le dijo él, y ella le respondió:
-“Yo ya no espero nada.
Sólo estoy
y sigo con mi vida”

Esperar es detenerse,
Esperar es dejar la responsabilidad de tu vida en otras manos y en otros pies.
Es detener tu propia evolución.
Es cerrar la única puerta que de verdad se abre, que es la del paso que estás dando en ese preciso instante.
Si esperas, te paras
Si esperas, te congelas
Si esperas, sólo ves la vida pasar
Y lo que esperas, que sigue en movimiento…
lo ves alejarse, se va

No pidas que te esperen
No esperes tú a los demás
Quien quiera caminar contigo encontrará la forma de hacerlo
Si  se paró y tú seguiste, si quiere, dará un impulso y te alcanzará
Tú no corres, tú no huyes ni te escondes,
Si él corrió o salió huyendo
déjale con su escapada, es su proceso
No huye de ti, sino de su yo contigo
Algún día parará
si no escoge  la huida infinita…
Y si frena y  tú no te paraste, le alcanzarás
No a él, tú no le sigues,
Sólo sigues
Sólo vives
Vas creando tu camino a medida que te mueves
Un camino  en solitario
Un camino en compañía
Un camino con amores
Un camino lleno de decepciones
Y de alegrías
Y recuerdos
Las pisadas son momentos memorables
De canciones
De caricias
De palabras sin fin en horas muertas
De confidencias
De locuras de sentirse adolescente
De peleas y disputas
De notitas y susurros
De deseos proyectados al futuro
Un futuro que no está, porque no existe
El futuro es el camino que creamos
Cuando seguimos viviendo
Cuando no esperamos

“Secrets”-One republic

Justo hoy escucho esta letra, un día que empezó con la sensación de haber metido la pata mucho pero sin saber exactamente por qué.
“Quien mucho habla mucho yerra” dice el refrán…  En mi caso desde luego hay mucho de ambas cosas.
EN fin, para alguien cuyo trabajo es comunicarse, a veces me asusta mi poca capacidad para hacerlo bien en algunas circunstancias.
O será que estamos tan pre-ocupados en lo que no queremos, que al final eso es justo lo que sucede. O al menos eso dicen, que provocamos aquello en lo que pensamos, por eso de la Ley de la Atracción y tal.
No sé si será cierto, lo que sí es real es que cuando parece que avanzas, a veces solo vas en círculos.
Será cuestión de preguntar más
“Tell me what you want to hear”

y suponer menos.

De distancias y olvidos

Es curioso pero…

Dicen que “la distancia es el olvido”, y yo creo que más bien el olvido es la distancia.
Las distancias físicas, esas que se miden en kilómetros, son salvables. Siempre son salvables. Pero las distancias que crea el olvido… esas, son brutalmente desterradoras.

He querido a gente que he tenido lejos casi desde que tengo memoria.
Anhelaba los momentos de reencuentro: el verano, las cartas de papel, llamadas de teléfono rezando para que hubiera alguien en casa..
He amado a pesar de las distancias, y alguna vez, también me amaron así.

Suplíamos el tacto, con el contacto…
-“Buenos días amor”
-“Te echo de menos”
-“Pienso en ti”
Y breves, o no tan breves, resúmenes de las pequeñas cosas diarias…
Mensajes  transeúntes de ese puente invisible que unía dos almas lejanas… de forma instantánea casi siempre.
Sentía el amor a pesar de la distancia. Lo vivía, era real.

Y he sentido el olvido de gente cercana.
Soledad rodeada de personas a las que oía respirar. Presencia sin esencia.
He hablado a quien me miraba a los ojos sintiendo que esas palabras no llegaban nunca a su destino… como si se perdieran en el espacio.
Esa sí es la distancia que separa. La que mata el amor, la que te hace resignarte a vivir rodeada de un foso imaginario que te aísla por muy acompañada que creas estar.

Me olvidaron.
Y no fue por la distancia, porque con esa misma distancia me amaron.
Me olvidaron porque decidieron dejar de hacerlo o porque no lo pudieron evitar.
Y yo olvidé
Y yo aún recuerdo.
Da igual a qué distancia están las personas de mi vida, quiero a gente que nunca he visto, me ilusiona oír una voz a la que no le pongo cuerpo, que atraviesa un gran espacio físico y que sin embargo siento cercana…

Así que no… la distancia no es el olvido… a no ser que tú quieras.
Yo estoy aquí… realmente da igual si lejos o cerca… cuando me hablas te escucho, a veces hasta te siento… a pesar de todo.

Cambiar al otro

Hoy he llegado a esta canción que no conocía buceando por Youtube (que es uno de mis hobbys)
He oído la versión original de Bruno Mars y esta  cantada en femenino por Madilyn Bailey.

He estado pensando en cómo tras una ruptura o un abandono, en general en cualquier proceso de duelo) nos ponemos a pensar en los
” y si… ” o  en los  “debería (s) haber hecho tal o cual cosa”.
A toro pasado es fácil ver los errores… bueno, o no, porque a veces seguimos repitiéndolos una y otra vez, pero ese es otro tema.

Quiero decir que normalmente nos ponemos a pensar en por qué se ha llegado a ese punto, por qué algo que se empezó con ganas y deseo de pronto acaba.
Dando por supuesto (que también es mucho suponer) que ambas partes eran sinceras en expresar lo que sentían, a nadie se le acaba el amor de un día para otro. Así que sea quien sea quien decida poner fin, ambas partes han contribuído a llegar a ese punto. Sea por acción o por omisión de acción.
En la canción los reproches son no haber comprado flores o salido a a bailar. Serán cosas tontas, pero al final lo que muestra es que lo triste cuando estás con alguien es no saber qué son sus flores o sus bailes.
Si yo quiero flores y bailar y la persona que se supone me ama no se da cuenta , es que no me está escuchando o me mira pero no me ve. Que no me conoce.

A veces nos enamorarmos de la idea que tenemos de lo que la otra persona es, y cuando el tiempo y las circunstancias nos van mostrando la realidad, puede que no nos guste tanto como pensábamos y prefiramos quedarnos con ese ideal antes que con el verdadero yo del otro.

Entonces no es amor. O al menos no el amor que hace que se siga juntos.
El amor no es un buffet del cual  puedo coger lo que me apetezca de toda la oferta y desechar lo que no me gusta. Las personas no somos un conjunto de piececitas que poner y/o quitar.

Señores Potato
Cuando se tiene algún tipo de relación es normal hacer concesiones para agradar al otro o para favorecer la convivencia, ya que no hay dos personas iguales en todo. Es normal y hasta deseable intentar evitar las cosas que  desagradan. El problema es cuando lo que desagrada del otro es parte de su propio ser.

Si algo intrínsecamente mío le es insoportable a otra persona nunca podrá ser mi amigo íntimo, ni mi amante, ni mi pareja.

No es ni bueno ni malo, es así.
Porque la alternativa es entrar en el juego de “desdibujarnos” para ser como el otro espera o  se imagina o sueña o desea.  Da igual.
SOMOS COMO SOMOS.
Y no podemos ni debemos acoplarnos constantemente a las expectativas del otro.
A veces se nos sugerirán cambios que de verdad sean positivos para nosotros, ya no solo para la relación de pareja, y eso es parte del crecimiento personal. Aceptar sugerencias y opiniones externas. Pero el cambio,  mejor dicho, el deseo de ese cambio, ha de producirse desde dentro, no obligados desde fuera,

Nadie cambia de verdad si no quiere.
Nadie convierte a nadie en algo que no es.

He conocido gente que ha vivido cierta filosofía de vida por agradar, porque estaba de moda o incluso porque intelectualmente estaba convencida de que era lo mejor. Pero si en su interior eso no concuerda con la persona que es realmente, acabará estallando. Y muy probablemente de forma violenta, hasta con ira, hacia aquello que un día defendía y contra quienes siguen en ese camino.

Pero ese odio no es hacia los otros, sino hacia uno mismo por haberse perdido el respeto y estar donde no se quería estar. Lo que sucede es que reconocer ese enfado con uno mismo suele doler demasiado, y  es una emoción tan fuerte que por querer sacarla de nosotros sin enfrentarla la proyectamos hacia fuera con violencia. Así que lo más fácil  y lo más común es lanzarlo contra el o los otros.

Pero volviendo al tema de las relaciones de pareja. Es tan antiguo querer cambiar al otro que ya la mitología clásica nos cuenta la historia de Pigmalión:

 El rey de Chipre, buscó durante muchísimo tiempo a una mujer con la cual casarse. Pero con una condición: debía ser la mujer perfecta. Frustrado en su búsqueda, decidió no casarse y dedicar su tiempo a crear esculturas preciosas para compensar la ausencia. Una de estas, Galatea, era tan bella que Pigmalión se enamoró de la estatua.

Pintura representando a Pigmalión, de Bronzino (1530).
Pintura representando a Pigmalión, de Bronzino (1530)

 

Lo que ocurre es que las personas no somos cera sin forma dispuesta para ser exactamente lo que el moldeador quiere. Todos traemos ya nuestras propias formas y pliegues y recovecos, en el cuerpo y en el alma. Y ni con intervención divina podemos obviar nuestra propia carga emocional ni vivencias para convertirnos en la Galatea de los sueños de nadie.

En la versión para el cine de esta obra, My Fair Lady, que nos parece una historia muy romántica, si la analizamos no con demasiada profundidad, en el fondo lo que se nos cuenta es que la verdadera Eliza no era interesante para nadie, mucho menos  capaz de enamorar al sofisticado profesor Higgins.
My fair ladyEste la somete a un arduo proceso de transformación para ser, por fin, digna de su atención, admiración y amor.

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Y yo me pregunto.. ¿es esta de verdad Eliza?
No concibo, como Higgins,  el amor sin admiración, pero si para admirar a una persona hay que cambiarla por completo, negando incluso lo que es, o lo que ha vivido que la ha hecho ser lo que es hoy… eso no es amor. O esa no es la persona de la cual enamorarme. Es el mayor de los egoísmos.
Es usar a una persona como recipiente de mis expectativas.  Es despojarla de lo que es de verdad para que sea como yo quiero que sea. Y eso es cosificar mucho más que usar su imagen sexy en una valla publicitaria.

©NohemiHervada

 

PD: No nos cuentan cuánto tiempo “vivieron felices” Eliza y Mr. Higgins antes de que los reproches empezaran a aparecer en sus vidas.

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